Soy la palabra que no espera
el ruido que hace hablar a tu silencio
el nudo de la cinta de tu pelo
la mirada que quiere subir a tu marea

El canto de esperanza en el asfalto
los dedos torpes que sueñan con tu espalda
las amarras de un barco encallado
el asesino sin culpa ni redada

Desde mi ventana

Desde mi ventana

sábado, 17 de abril de 2010

Rompiendo los cristales / El hueco en el que anido






A veces la navaja sangra más de lo que corta

mira los pulmones y se ahoga en los albores

de una hipocresía indecible, una verguenza sin colores,

una palabra que no cambia nada, ¿qué importa?


No hay peor fracaso que no saber fracasar,

ni peor mentira que una profecía impracticada,

de tanto alejarme de la costa me ahogué en su marejada,

y como un idiota, pagaría la amortización de mi pecado.


¿Por qué este mesianismo? ¿por qué ese barniz de diferencia?

Nunca supe tenerme clemencia, ni saltar de los abismos

Pero peor aún es arrastrar a la princesa a los caminos de indecencia


Sólo me queda pensar que quedan otras variables y caminos

entre las respuestas mudas de mi almohada y el perfume de tu pelo.

Pero si rompo los cristales habrá mas guerra fortuita que incienzo.



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Se quema la tarde mientras yo te miro sin que te des cuenta.

Y exhala tu pena un perfume muy dulce y se congela el sueño.

Se apagan los cuerpos, miras la ventana con aire ausente

como quien mira alumbrada por la luz del ocaso a un niño que duerme.


Tus ojos se tiñen con el viejo color de la infancia,

nostalgia del tiempo en que todo tenía respuesta,

en que era más largo el verano, y más pequeño tu mundo

y unos pasos seguían siempre de cerca a los tuyos.


Y yo te diría, no sé,

que las cosas van a marchar bien,

te mostraría el futuro, la borra del café,

con ángeles y estrellas,

noches, milongas

e historias, ¿recuerdas?, que hablan

de viejos amantes que crecen,

que dudan, que esperan

su turno mientras anochece

y el mundo se enferma.


A veces vigilo con calma tu rostro mientras miras fuera.

Escribes, navegas, revisas las fotos del último viaje.

Y cubre de nieblas tu piel, sin aviso, la memoria herida.

Fumas un cigarro, suspiras y esparces todas las cenizas.


Te callas y el miedo, feroz, cose tus pestañas.

Delicadas alas de una dulce mariposa,

veloz, fuerte y luminosa. Sin tregua persigo su vuelo

y cubre nuestra casa el polvo del recuerdo,


Y, como la tierra generosa abraza la raíz

de un frutal encendido, yo te abrazo a ti.

Y abrazo tu ropa, no sé, tus maletas

tu rostro, tus dudas, tus pies, su huella,

tus manos y hasta tus zapatos,

tu pena, mi castigo,

la curva de tu espalda,

el hueco en el que anido.




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Ismael Serrano


Album: Acuérdate de vivir




http://www.youtube.com/watch?v=S9rIpRXNQg4

3 comentarios:

Soy beatriz dijo...

Mi querido Facu, bellísimo!!!, por lo dulce hubiera dicho que eran tus letras.
Un beso y abrazote!!!! Sabes que te quiero mucho..

Soy beatriz dijo...

Gracias por la aclaración!!! ambos textos hermosos!!!
Un abrazote grande!!!

ABRIENDO LAS PUERTAS dijo...

Holaaa cuña, volvii al blog jeje
para escribir jeje
como estas?

besos