Soy la palabra que no espera
el ruido que hace hablar a tu silencio
el nudo de la cinta de tu pelo
la mirada que quiere subir a tu marea

El canto de esperanza en el asfalto
los dedos torpes que sueñan con tu espalda
las amarras de un barco encallado
el asesino sin culpa ni redada

Desde mi ventana

Desde mi ventana

sábado, 5 de noviembre de 2011

viernes, 17 de junio de 2011

Da lo mismo




Eramos, al menos yo, una brisa sin sentido

y menos que ahora parecía que iba a llover

No recuerdo más que las escaleras que no puedo bajar,

si no sonríes, ¿a dónde iré a parar?


Creo que hoy llueve más rápido

o por lo menos más triste

¿o seré yo? nunca pude distinguir

los espejos del reloj.


A veces da lo mismo todo

Maldita ciclotimia, maldita timidez

Le tengo más miedo a la quietud que al agua,

hoy no vale ladrar antes que morder.


Dicen que hay siempre cartas que jugar

pero nunca dicen dónde encontrarlas

ni en qué mar se pescan con aquella red

nada más estúpido que chocar contra la pared

sábado, 23 de abril de 2011





El occidente ha conquistado el mundo no a causa de la superioridad de sus propias ideas, valores o religión, sino por la superioridad demostrada en la aplicación de la violencia organizada. A menudo, los occidentales olvidan este hecho; los no occidentales, en cambio, lo tienen muy presente.





Samuel Huntington, Where is read?*







*Citado en Mellino, Miguel. La crítica poscolonial. Descolonización, capitalismo y cosmopolitismo en los estudios poscoloniales. Paidos. 2008. Pág 147.

viernes, 18 de febrero de 2011

Se parte la mañana




Se parte la mañana y yo quiero ser las gotas que bajan por tu pelo, el perfume que agita las manos en el vagón, la paloma posada en tus hombros para picotear despacio tu cuello dormido que sueña no estar allí. A mil pasos siento el olor de tu sonrisa, con los párpados caídos como si las persianas del mundo, que iluminan el mío, estuvieran a medio cerrar. Una muchacha te roza y pide disculpas que nunca son oídas. Quisiera ser esa música que empapa tus oídos y te nubla por un rato la urbanidad venidera. Quisiera ser la cinta que rodee tu cintura pisoteando fantasmas. Se va, con vos, un vagón atrás del otro, y el polen de tu pelo sigue vibrando en mi almohada.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Porque






"(...)casi todos los niños son poetas, es decir, tienen con frecuencia un sentido bastante profundo del misterio; están en un mundo un poco como extranjeros que llegan a un país en el que nunca habían puesto los pies, y miran a su alrededor con mucho asombro. El objetivo de la educación es hacer desaparecer poco a poco este asombro explicándole al niño el sentido de lo que lo asombra. Y poco a poco crece y se siente totalmente a gusto en un mundo en el que ya nada puede asombrarlo. Y así es como mueren los poetas. El poeta es esencialmente un hombre que ha conservado en el fondo de sí mismo el sentido del misterio y la capacidad de asombro. Para un gran poeta, el mundo es nuevo cada mañana. Todos fuimos grandes poetas cuando teníamos una edad de la que con trabajos nos acordamos, y cada vez que un aspecto del cielo, o del agua, o de la tierra nos sorprende y nos arroja en esa especie de tristeza agradable que es una forma del asombro, es el poeta asesinado el que se mueve apenas en su tumba(...)"





Extraído de "Mi primer libro en inglés"

Julien Green


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Porque siempre te miro

como si no te hubiera visto nunca

Porque siempre suspiro

con tu amor detrás de la nuca


Porque llegas como si no te hubieras ido

porque me dejas volando

y yo sigo andando, silbando bajito

buscando aquel tesoro en el que anido


Porque siempre te busco

sabiendo que te encuentro

y siempre señalo los frutos del intento


Porque seremos más que uno

o al menos dos niños

buscando nuevos futuros







"Porque"


(Extraído de mi, antes que muera la imaginación y el mini-poeta que llevo dentro)







Feliz año para todos, el mío ya está bien garantizado

viernes, 3 de diciembre de 2010

Que nos queda



Eras tan hermosa como mi torpeza

Tenias la mirada más profunda que se podía contar

No te habían enseñado las proezas

de un abrazo con carta de identidad


Eras tan alta que mi amor no te llegaba a la cintura

y entre taquicardias de niñez logré la calma

en tus labios que por fin me acompañaban

y me llevaban de la mano a la locura


Belleza que no puedo comparar

siento tus brazos todavía al caminar

Me sigo acostando en tu abrigo de certeza

y dice mi latir que perdamos la cabeza


Llevo tus sueños en mis manos

perdona si te canso de tanto recitar

no sé decir de otra manera cuántos años

quisiera sentir tanto sin hablar


Alfombra de mi cuarto mas hermoso

dime cuántas noches voy a estar sin respirar

el aire más eterno y delicioso

de no sentir nunca al tiempo blasfemar


Princesa, mirame el alma

que nos queda toda la suerte por delante

que voy a decirte cada mañana

que el destino es un delirante

martes, 9 de noviembre de 2010

Como quien dice...




Andábamos, como dijo uno, “sin mapas ni candados”, pero también sin llaves ni brújulas. Convencido de que los cuentos de hadas se habían inventado para estas últimas, y como no existían, ergo, no había nada que buscar detrás del néctar de palabras, de ilusiones, de recovecos de utopía donde algunos antaño decían que giraban su coche para aparcarlo, estacionarlo aunque más no fuera algún tiempo.

Andábamos en una suerte de coche sin respaldo, haciendo inversiones, emitiendo moneda en la ciudad del amor, y éste se había llevado todas las reservas: el porcentaje de inflación de tristeza y hasta temor, ese fantasma que acecha en las esquinas con cara de pasado, era, digamos, alto.

Andábamos en el segundo o tercer sueño, ese que levanta nada más que espuma, y deja las olas al otro lado. Como aquel título, la vida era sueño. Sueño literal, sueño de esos de los que más vale despertarse o las hojas de la vida te llevan en escoba. Esos que no se sueñan, porque no se recuerdan.

Andábamos con el pasado vestido de vagabundo en plena ceremonia. Andábamos perdidos en la nebulosa de la fe, esa esperanza por lo menos rara que se tiene porque se tiene.

Algo de eso debía haber porque sino tu voz no se hubiera colado entre mis huesos con esa brisa tan leve y femenina que llegaba de tu boca. Ni mis ojos se hubieran tildado sobre los tuyos en tu monitor de alto brillo, ni mi memoria se hubiera vuelto atrás junto con mi cabeza para mirarte una vez más mientras bajabas las escaleras del subte, y yo buscando una vez más el acceso directo de tu risa, la tuya, sí, y la mía, la que me habías devuelto. Ni mis labios me hubieran dicho por favor, pedile otro, tras cada beso que me dabas, con tus ojos de café clavados en los míos. Ni mis manos se hubieran puesto el piloto automático para rodear tu cintura en cada esquina, aunque el semáforo pidiera lo contrario.

¿Recuerdas?

Pocas cosas tan gratas como mirar atrás en la memoria, en el acceso directo, en mis huesos, mi boca, mis manos y mis ojos. Hablarles en secreto y hacerles preguntas como un niño curioso y que sigan respondiendo lo mismo, y más. Dicen que no tienen que hacer memoria, ni repaso, porque lo que yo busco en la memoria, dicen, ellos lo buscan en el minuto anterior en el que te vieron. Y se sorprenden escuchando mi pregunta, como si hubiera que ir a buscar algo que se fue y no aquello que sigue estando.

Ahora bromeo y me río de ellos, porque pareciera que el paso del tiempo les es inmune, y yo ya conté un año y medio. Y ellos me miran como diciendo, dejalo, no tiene cura.

Algo de razón tendrán, porque al verte ir al trabajo subiéndote en aquel coche, espiándote desde tu balcón, ya les estoy preguntando cuándo vuelves.