Soy la palabra que no espera
el ruido que hace hablar a tu silencio
el nudo de la cinta de tu pelo
la mirada que quiere subir a tu marea

El canto de esperanza en el asfalto
los dedos torpes que sueñan con tu espalda
las amarras de un barco encallado
el asesino sin culpa ni redada

Desde mi ventana

Desde mi ventana

martes, 9 de noviembre de 2010

Como quien dice...




Andábamos, como dijo uno, “sin mapas ni candados”, pero también sin llaves ni brújulas. Convencido de que los cuentos de hadas se habían inventado para estas últimas, y como no existían, ergo, no había nada que buscar detrás del néctar de palabras, de ilusiones, de recovecos de utopía donde algunos antaño decían que giraban su coche para aparcarlo, estacionarlo aunque más no fuera algún tiempo.

Andábamos en una suerte de coche sin respaldo, haciendo inversiones, emitiendo moneda en la ciudad del amor, y éste se había llevado todas las reservas: el porcentaje de inflación de tristeza y hasta temor, ese fantasma que acecha en las esquinas con cara de pasado, era, digamos, alto.

Andábamos en el segundo o tercer sueño, ese que levanta nada más que espuma, y deja las olas al otro lado. Como aquel título, la vida era sueño. Sueño literal, sueño de esos de los que más vale despertarse o las hojas de la vida te llevan en escoba. Esos que no se sueñan, porque no se recuerdan.

Andábamos con el pasado vestido de vagabundo en plena ceremonia. Andábamos perdidos en la nebulosa de la fe, esa esperanza por lo menos rara que se tiene porque se tiene.

Algo de eso debía haber porque sino tu voz no se hubiera colado entre mis huesos con esa brisa tan leve y femenina que llegaba de tu boca. Ni mis ojos se hubieran tildado sobre los tuyos en tu monitor de alto brillo, ni mi memoria se hubiera vuelto atrás junto con mi cabeza para mirarte una vez más mientras bajabas las escaleras del subte, y yo buscando una vez más el acceso directo de tu risa, la tuya, sí, y la mía, la que me habías devuelto. Ni mis labios me hubieran dicho por favor, pedile otro, tras cada beso que me dabas, con tus ojos de café clavados en los míos. Ni mis manos se hubieran puesto el piloto automático para rodear tu cintura en cada esquina, aunque el semáforo pidiera lo contrario.

¿Recuerdas?

Pocas cosas tan gratas como mirar atrás en la memoria, en el acceso directo, en mis huesos, mi boca, mis manos y mis ojos. Hablarles en secreto y hacerles preguntas como un niño curioso y que sigan respondiendo lo mismo, y más. Dicen que no tienen que hacer memoria, ni repaso, porque lo que yo busco en la memoria, dicen, ellos lo buscan en el minuto anterior en el que te vieron. Y se sorprenden escuchando mi pregunta, como si hubiera que ir a buscar algo que se fue y no aquello que sigue estando.

Ahora bromeo y me río de ellos, porque pareciera que el paso del tiempo les es inmune, y yo ya conté un año y medio. Y ellos me miran como diciendo, dejalo, no tiene cura.

Algo de razón tendrán, porque al verte ir al trabajo subiéndote en aquel coche, espiándote desde tu balcón, ya les estoy preguntando cuándo vuelves.

viernes, 5 de noviembre de 2010

A más de uno

Debe dar tristeza y frío
ser un hombre artificial,
cabeza sin albedrío,
corazón condicional.

(Silvio Rodriguez; Tonada del albedrío; Segunda cita)






A los desmemoriados de turno

malditos volantes que acarician

el prado del mal recuerdo taciturno

¿será la praxis, será la codicia?


A los venidos a menos, a los ¿qué les pasó?

donde las banderas valen si las cargan

Los conversos nunca supieron donde se pone el sol

Y para la misa del domingo les quedó corta la sotana


A los de ayer, que perdieron el cáliz en un cine

los falsos patriotas de la democracia

los dialoguistas del no sé dónde


A los que dudan, a los conservas,

a los que no saben cuándo dar la mano

si la calle se bifurca, ¿quién tendrán al lado?








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En este país de senderos que se bifurcan la frase del cubano suena más que pertinente.

A todos ellos, a más de uno.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Recordarás






Recordarás la madrugada

en la que entré por tu ventana

a buscar los colores

de aquel mañana que soñamos


Agujas inclementes no podrán

comprender por qué sigues cansada

aunque no hayas dormido, no tocarán

nunca la paz que siembras en el alba


Seguiremos maullándole al asfalto cuando cante

y corran las alarmas con traje y corbata

por la vida, por el centro de estas calles

No habrá despertador, ¿quién nos quita la redada?


Volveremos a mentir que se hará tarde

esperará en la parada aquel ramo de rosas

que perfume tus pestañas, fuertes, luminosas

¿quién dirá que es lujo ser responsable?


Vuelve pronto que el otoño ya se fue

con las flores de tu pelo por estas calles

que la noche espera otra vez

que esta cena dice que somos los mejores

Misterios





Despertarla hubiera sido cruel. No con ella, sino conmigo. Demasiado había allí, tan perfecto, acariciable y a la vez tan intangible como esa paz que transmitía entre recovecos. Tenía la maravilla de confundirme con una gracia inigualable entre sus sueños, y yo me perdía a punto tal de no distinguirlos de los míos.

El día que comprenda cómo puede ser que ilumine con los ojos aún estando despierta, habré resuelto un gran enigma. Si hasta cuando calla parece hablar, si estando quieta su pelo parece moverse y mullirse en la almohada, si su espalda parece un banco de arena, si su pecho tan suave, si su cuello tan de niña, si sus mejillas más aún.

Misterios tiene la vida y a veces mejor no develarlos. No, mejor conservar esa magia , tan pura, exquisita, inacabable, tan perdurable en el tiempo que no se sale del asombro.


Mejor acurrucarme, antes que despierte

viernes, 21 de mayo de 2010

Te debo y no*






Te debo esta mirada al borde del abismo,

este abrazo sin atisbo, este crimen sin coartada,

tus manos en mi pecho, las caricias de abrigo,

la burbuja crujiente en la sangre derramada


Te debo la verdad que gritas con los ojos,

tu boca callando detrás de una sonrisa,

las manos firmes talladas con fuego y sin ceniza,

tu mirada de niña alumbrando mis antojos


Te debo la tierra que piso cada día

en cada rincón de la casa que te anhela,

en las lunas que se agitan en tu pecho,

el contar los soles que te habitan, el amarte todavía


Te debo más de lo que alguna vez pagué,

la certeza de tenerte, la esperanza en el haber,

las lágrimas que puse en tus rodillas, las cenizas

de las soledades, los besos con olor a risa


Te debo el futuro que tendremos,

la casa esperando la llave,

la siesta del domingo,

las calles y los bares en que amamos


Te debo la mirada anonadada,

las caricias en mi espalda.

Te debo lo mismo que te amo:

por eso no te debo nada




sábado, 17 de abril de 2010

Rompiendo los cristales / El hueco en el que anido






A veces la navaja sangra más de lo que corta

mira los pulmones y se ahoga en los albores

de una hipocresía indecible, una verguenza sin colores,

una palabra que no cambia nada, ¿qué importa?


No hay peor fracaso que no saber fracasar,

ni peor mentira que una profecía impracticada,

de tanto alejarme de la costa me ahogué en su marejada,

y como un idiota, pagaría la amortización de mi pecado.


¿Por qué este mesianismo? ¿por qué ese barniz de diferencia?

Nunca supe tenerme clemencia, ni saltar de los abismos

Pero peor aún es arrastrar a la princesa a los caminos de indecencia


Sólo me queda pensar que quedan otras variables y caminos

entre las respuestas mudas de mi almohada y el perfume de tu pelo.

Pero si rompo los cristales habrá mas guerra fortuita que incienzo.



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Se quema la tarde mientras yo te miro sin que te des cuenta.

Y exhala tu pena un perfume muy dulce y se congela el sueño.

Se apagan los cuerpos, miras la ventana con aire ausente

como quien mira alumbrada por la luz del ocaso a un niño que duerme.


Tus ojos se tiñen con el viejo color de la infancia,

nostalgia del tiempo en que todo tenía respuesta,

en que era más largo el verano, y más pequeño tu mundo

y unos pasos seguían siempre de cerca a los tuyos.


Y yo te diría, no sé,

que las cosas van a marchar bien,

te mostraría el futuro, la borra del café,

con ángeles y estrellas,

noches, milongas

e historias, ¿recuerdas?, que hablan

de viejos amantes que crecen,

que dudan, que esperan

su turno mientras anochece

y el mundo se enferma.


A veces vigilo con calma tu rostro mientras miras fuera.

Escribes, navegas, revisas las fotos del último viaje.

Y cubre de nieblas tu piel, sin aviso, la memoria herida.

Fumas un cigarro, suspiras y esparces todas las cenizas.


Te callas y el miedo, feroz, cose tus pestañas.

Delicadas alas de una dulce mariposa,

veloz, fuerte y luminosa. Sin tregua persigo su vuelo

y cubre nuestra casa el polvo del recuerdo,


Y, como la tierra generosa abraza la raíz

de un frutal encendido, yo te abrazo a ti.

Y abrazo tu ropa, no sé, tus maletas

tu rostro, tus dudas, tus pies, su huella,

tus manos y hasta tus zapatos,

tu pena, mi castigo,

la curva de tu espalda,

el hueco en el que anido.




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Ismael Serrano


Album: Acuérdate de vivir




http://www.youtube.com/watch?v=S9rIpRXNQg4

miércoles, 24 de marzo de 2010

A treinta y tantos





Estamos en la tierra de todos, pero es mía
los inocentes son los culpables dice Su Señoría, el rey de espadas



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Acá donde el barro se llevó tanto

sin preguntar de qué color tenían la camiseta

a los que entierran y a los que no se sabe

nadie les preguntó qué habían hecho


Hombres a caballo y en verdes Falcon

que en nombre de la patria y el metal

ahora tiritan y huyen de pedradas y de manos

las mismas que arrojaron hacia el mar


Y a nadie le importa, la calle mezcla pobres y asesinos

en esta tierra donde el olvido es buena nota

¿por qué callas cuando el estruendo te acompaña

y ya no hay más palabras para legitimar?


Las Madres de ovarios y pañuelos ya enseñaron el camino:

busca la paz, nunca el olvido, que el único pecado es perdonar

Y aún hay quien sigue llamando al Brujo y al diablo

quizás por temor, o lo que es peor, porque no sabe


Cómo se nota que no te has revolcado en el lodo

de no saber cuando vuelve el aroma al hogar

Cómo se nota que te han cerrado los labios

que nunca te han robado la identidad


Pero hoy hay que salir a batallar, puñal y pañuelo en mano

porque se equivocaron: la historia no ha terminado

No te quedes con la carie del olvido en las muelas

no le cocines el caldo a los traidores







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Retornarán los libros, las canciones

que quemaron las manos asesinas

renacerá mi pueblo de su ruina

y pagarán su culpa los traidores









http://www.youtube.com/watch?v=Y1GX9LZCV3A