Me pregunto qué pasaría si dejara de perderme en el supermercado, o si el viento de la calle dejara de arrastrarme, si las cervezas de los bares vinieran vacías y no me dejaran chapotear en los charcos de una utopía tan grande como el olvido, o si el cine no diera siempre esa película idiota que me guiña el ojo y lo hace tirar agua hacia abajo, o si la mirada no esquivara tanto, si la pregunta tuviera alguna respuesta, o mejor, si la pregunta tuviera sentido, o qué pasaría si con alas y antifaz yo trepara a tu alcoba vacía y me tomara hasta la molestia de tu boca, o si afilara las uñas de los ojos para rascarte las vestiduras, o si te dejara tan desnuda como cierta en el medio de la avenida en una noche vacía de verano, si los árboles volvieran a cantar en cuatro idiomas o si la luna me diera la orden de besarte sin excusas, o si me fuera tan lejos que la noche no podría ni alcanzarme, ni siquiera la tuya, la almohada vacía, la sábana de escarcha, la humedad inocua e inolora de las lunas de una cama que ya no sabe contarlas, quizás no tendrías que maldecir a cada paso firme que camino hacia tu sombra ni llamar al destino para que aparte por vos mi mano de tu pecho y te vista, y que te vista con tanto abrigo hasta convertirte en madeja en un sillón cansado, con la casa olfateando recuerdos ingratos, absurdos, quizás tendrías que cantarle al pasado que se calle, o rogarle al futuro que alquile unas alas para volar tan alto que nadie te encuentre. Quizás bajarías al instante, porque en tierra o cielo mi mirada sería la misma. Exactamente la misma. Quizás arañarías verdades e hipotecarías sueños, o directamente los romperías, oero yo estaría tan lejos. Tan lejos que no oiría ni el llanto de los niños, ni los rayos del sol sobre tu pelo ni el suspiro de caricias en tu espalda, ni la humedad de tu boca pequeña y hermosa abrazando, y me abrasaría tan lejos del mundo que, esta vez, el humo no nublaría ni tus dudas.
O quizás no pasaría nada
Soy la palabra que no espera
el ruido que hace hablar a tu silencio
el nudo de la cinta de tu pelo
la mirada que quiere subir a tu marea
El canto de esperanza en el asfalto
los dedos torpes que sueñan con tu espalda
las amarras de un barco encallado
el asesino sin culpa ni redada
el ruido que hace hablar a tu silencio
el nudo de la cinta de tu pelo
la mirada que quiere subir a tu marea
El canto de esperanza en el asfalto
los dedos torpes que sueñan con tu espalda
las amarras de un barco encallado
el asesino sin culpa ni redada
Desde mi ventana
martes, 31 de marzo de 2009
lunes, 30 de marzo de 2009
Pasos
Como la cálida mañana de domingo, un amanecer y una brisa que agita las hojas levemente anunciando quizás algo de calma. Algo de esa calma imprescindible para que el cuerpo se anime a caminar, con pasos seguros, quizás a ninguna parte, pero con alguna certeza al menos en el interior.
Pasos que siempre se arriesgan a doblarse el tobillo, a equivocarse, pero que ya no miran hacia atrás. El atrás no existe. El atrás es un alimento que, una vez digerido, se incorpora al propio paso y que sin éste, nunca podríamos caminar. Se puede mirar a los costados, antes de cruzar una vía, una calle, o simplemente la vida, o algún camino largo y sinuoso que uno no sabe muy bien a dónde conduce, pero al menos sabe que lo está siguiendo. Pero no. No existe el atrás. No debe existir. No hay que perderse. No se puede mirar hacia atrás porque no se puede caminar para adelante. Sí se puede, pero se corre el riesgo de chocarse con lo que se tiene en frente, o quizás de no verlo. Y no se puede. En esta tierra de accidentes, hay que vivir precavido. En todo caso, cauto. Sin miedo, pero cauto. Tampoco se puede andar con miedo porque el aire te vigila como los perros y te huele. Huele unas manos que tiemblan con el tacto ajeno, huele una mirada esquiva que no mira ni al frente ni a ninguna parte, sencillamente porque perdió amnésicamente esa capacidad. Huele la humedad vieja y vacía debajo de la ropa, huele las lágrimas derramadas a quien ya no las merece. Huele todo vestigio y ataca las heridas sin cicatrizar, abriéndolas y complicando su recuperación.
Por eso el domingo arde como el fuego a las diez de la mañana, los pájaros murmuran esperanzas, los trenes viajan a mundos posibles y los árboles simplemente toman agua. Las vecinas dan de comer a sus hijos antes de dormir la siesta y los jubilados se sientan a la sombra con la puerta abierta.
Por eso el lunes no marca las cartas, quizás tampoco espera, ni busca ni encuentra. No tiene motivos.
Simplemente camina sobre la gran selva que se avecina y no exige nada.
Camina. Cauto. Lento. Hacia adelante.
Pasos que siempre se arriesgan a doblarse el tobillo, a equivocarse, pero que ya no miran hacia atrás. El atrás no existe. El atrás es un alimento que, una vez digerido, se incorpora al propio paso y que sin éste, nunca podríamos caminar. Se puede mirar a los costados, antes de cruzar una vía, una calle, o simplemente la vida, o algún camino largo y sinuoso que uno no sabe muy bien a dónde conduce, pero al menos sabe que lo está siguiendo. Pero no. No existe el atrás. No debe existir. No hay que perderse. No se puede mirar hacia atrás porque no se puede caminar para adelante. Sí se puede, pero se corre el riesgo de chocarse con lo que se tiene en frente, o quizás de no verlo. Y no se puede. En esta tierra de accidentes, hay que vivir precavido. En todo caso, cauto. Sin miedo, pero cauto. Tampoco se puede andar con miedo porque el aire te vigila como los perros y te huele. Huele unas manos que tiemblan con el tacto ajeno, huele una mirada esquiva que no mira ni al frente ni a ninguna parte, sencillamente porque perdió amnésicamente esa capacidad. Huele la humedad vieja y vacía debajo de la ropa, huele las lágrimas derramadas a quien ya no las merece. Huele todo vestigio y ataca las heridas sin cicatrizar, abriéndolas y complicando su recuperación.
Por eso el domingo arde como el fuego a las diez de la mañana, los pájaros murmuran esperanzas, los trenes viajan a mundos posibles y los árboles simplemente toman agua. Las vecinas dan de comer a sus hijos antes de dormir la siesta y los jubilados se sientan a la sombra con la puerta abierta.
Por eso el lunes no marca las cartas, quizás tampoco espera, ni busca ni encuentra. No tiene motivos.
Simplemente camina sobre la gran selva que se avecina y no exige nada.
Camina. Cauto. Lento. Hacia adelante.
sábado, 28 de marzo de 2009
Malasangre
Me pasé la noche entera estaqueado en el sillón
viendo amasijarse a ‘Los sopranos’
Ya los dedos del amanecer husmean mi balcón
se me hizo tarde tan temprano...
Estoy pensando que no me vendría mal
afeitarme un poco, que me importe menos todo
Por las venas machucadas de esta agónica ciudad
corre tormentosa malasangre
bataclanas, desquiciados, pistoleros de ocasión
bosteza su bilis Buenos Aires...
Estoy tratando de despabilar antojos
de irme donde mis tristezas se puedan reír un poco
Pero soy un monigote cuando vos te vas tan lejos
desde el día en que me echaste a cascotazos de tus besos
desayuno pan duro cuando no encuentro cianuro
corro hasta mis penas que me sacan dos cabezas
y vuelvo con la lengua afuera
Desayuno pan duro cuando no encuentro cianuro
corro hasta tu ausencia
que se prueba tus zapatos Letra de Malasangre - Ivan Noble - sitiodeletras.com
tu perfume y tus medias
Se derrama la mañana y yo diría que esta es la situación:
pésima, pero desmejorando...
no me asusta tu lindura, lo que no pienso es viajar
hasta vos con pasaporte falso
estoy tratando de cerrar asuntos pendientes
de darle un buen portazo al mundo
y quedar a la intemperie de las mesas servidas,
de los platos rotos de la vanidad,
de las glorias enanas,
del precio que siempre vamos a pagar
Pero soy un cachivache cuando no te tengo a mano
desde el día en que me echaste a carterazos de tus labios
desayuno pan duro cuando no encuentro cianuro
corro hasta mis penas que me sacan dos cabezas
y vuelvo con la lengua afuera
Desayuno pan duro cuando no encuentro cianuro
corro hasta tu ausencia
que se prueba tus vestidos
tu perfume y tus medias.
Iván Noble
jueves, 26 de marzo de 2009
A los leones
En la bocacalle de la cortada de las despedidas
donde se empantanaron alegrías de alguna vez
voy tirando la punta del ovillo del recuerdo
por las dudas te espero, deletreándote al amanecer
Y miro a los ojos a los colmillos del destino
con el mástil herido tiro el ancla en noches desiertas
somos lo que no somos y es la cosa más amarga
que hoy vos seas la ingrata mosca verde de mis siestas
Y no puedo creer que así estemos, vendados contra el paredón
nena, no es manera de estropear un corazón
¿cómo pudimos tirar a los leones tanta ilusión?
nena, no es manera de estropear un corazón...
Adonde el diablo pierde el poncho y la paciencia
más pronto que tarde, a esconderme debiera haber ido
que jugarme el pellejo por tus labios doble filo
Yo no puedo creer que así estemos, vendados contra el paredón
nena, no es manera de estropear un corazón
¿cómo pudimos tirar a los leones tanta ilusión?
nena, no es manera de estropear un corazón...
Se apaga el domingo, sangra la luna entre los edificios
no tengo más planes, estoy llorándote como un bebé
voy a darme una ducha, voy a escuchar a Dolina
y a lamer mis heridas por si se te ocurre volver
Yo no puedo creer que así estemos, Juan Moreira contra el paredón
nena, no es manera de estropear un corazón
¿cómo pudimos tirar a los leones tanta ilusión?
nena, no es manera de estropear un corazón...
linda, no es manera de estropear un corazón…
Iván Noble
viernes, 20 de marzo de 2009
Quand rien n'est assez
Sentado en la terminal encendí otro cigarrillo
el humo de mi boca apagó el brillo y el sol de la tarde
tan necio, tan cobarde, cuánto borracho pasa hoy
por la esquina del fracaso y la impotencia, qué torpe estoy
Se hizo tarde o eso al menos decía el reloj, ya no sé
contar las horas, las hojas valen más, ¿y cuánto el después?
Porque nadie miró al revés ni para atrás, tampoco vi yo
miraba al suelo, cabizbajo, ¿otra vez el terror?
La noche tembló, andate, dijo un viejo que miró extraño
qué raro dije yo, ¿las lágrimas apagan el sol?
más raro miró, no contestó pero mejor me largo
a caminar, que para transporte sobra letargo
Me pregunto cuánto vale una mirada, si la vida se apaga
después de un silencio, quemando viejas llagas
si nada alcanza todo queda en el talvez
quand rien n'est assez pour remplir les étoiles du ciel
La brújula del neceser
Se parte la tarde, las ventanas cansadas del mundo
calla el sol en la puerta que se abrió de par en par
de tanto cerrar y yo tan frágil como siempre, tan desnudo
que el verano me da frío igual que a vos, ¿y a quién llorar?
Nunca entendí los sortilegios, ni el laberinto, ni el espejo
que hoy pregunta y yo no sé qué responder, tal vez
el privilegio de saber querer no llegó, se cayó al suelo
quedó enterrado no me preguntes dónde, ¿a qué después?
Si callo el filo del silencio corta y ya no quedan más notas
no sé bailar, no sé cantar afinado tu vals, maldito paladar
que no sabe distinguir cuando el manantial se colma
ni la paradoja de alejarse para que vuelva a llamar ¿a qué esperar?
No sé si dije ya: no me gusta hipotecar quimeras vanas
ni cruzar fronteras, ni forzar la cerradura de la puerta
para quedar tiritando en la vereda, ni tocar madera
ya hay cristal roto en la mañana, qué pecado, faltan ganas
O quizás sobran pero no sé llevarlas como corresponde
¿por qué todos se agitan si se rompe el molde?
más vale una risa bien robada, un beso del revés
una mano en la espalda sin preguntas ni tal vez
Pregunto si es mejor apurar mi redada, no tengo coartada
me falta una verdad, varias certezas, balas y refuerzos
si quedo al descubierto nadie va a venir a curar y nada
hace que venga a buscar, ¿hasta cuándo estaré cuerdo?
Se me hizo tarde, cayó la lluvia, no hay paraguas ni señal
pensaba que era más temprano, será que no atrasé el reloj
o simplemente me perdi y nadie sabe qué decir ni qué amar
si la corriente no ayuda me ahogaré, ¿cuándo contaré hasta dos?
Olvidé el calendario, el abecedario, los números, las cartas
y no sabes contar cuánto vale el aire en las heridas de la carne
quizás sea tarde o demasiado temprano para calibrarme
otra vez perdí la brújula del neceser, pido apelación, ¿alcanza?
martes, 10 de marzo de 2009
Vuelta de página
El tiempo es un arma de doble filo
hay quien dice que hasta vence batallas
que anega esperanzas o abre caminos
yo digo que a veces lo hace la distancia
Descubrí que el mejor cantante solo canta
lo que recita el alma cuando le habla el corazón
el mejor medicamento que cura y espanta
que no entiende de relojes, ni de espacio ni razón
La lluvia en plena sequía me tendio una mano
rebeló al esclavo que venía masticando herejía
que camina por San Telmo y maldice la Gran Vía
que afloja las amarras del barco encallado
Ahora brindo, admiro e invito a otra ronda
a los amigos que convencidos me decían
que solo vuela el que camina por la sombra
que lo única imprescindible aquí es mi vida
Ahora se trata de sacudir sin temor el avispero
de pasar de página, de ponerle comas al pasado
de admirarse, de soltar sin despecho al encadenado
de poner mayúscula al presente, de patear con ganas el tablero
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