Soy la palabra que no espera
el ruido que hace hablar a tu silencio
el nudo de la cinta de tu pelo
la mirada que quiere subir a tu marea

El canto de esperanza en el asfalto
los dedos torpes que sueñan con tu espalda
las amarras de un barco encallado
el asesino sin culpa ni redada

Desde mi ventana

Desde mi ventana

lunes, 31 de diciembre de 2012

Esta noche






Porque las musas no tienen despertador

yo te escribo cada noche en tu ventana

y te odiaré mañana si no llegas hoy

y si llegas atrasaré tu reloj


Que la vida no es más que vos y yo

que no me vengan con trabajo y oficina

no toques madera, yo soy tu resina

y no me nombres hasta que salga el sol


Sabes que no tengo más que paladar

que me sonríe tu silueta en el hogar

que sueño con tu espalda en la penumbra

que me pierdo si tu mirada no me alumbra


Así que apaga ese teléfono

y dime que me has echado de menos

que te queda una deuda pendiente

que la pagarán los que esta noche no duermen

Rayuela, Cap.36










La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo, (Et tous nos amours, sollozó Emmanuèle boca abajo), lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia (Je n’oublierai pas le temps des cérises, pataleó Emmanuèle en el suelo) se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como ingredientes, una piedrita y la punta de un zapato.

sábado, 9 de junio de 2012

Ventanas como piedras





Ventanas como piedras

y te veo entre la bruma como siempre

allí donde la espuma me lleve hasta tu vientre

¿cuándo llegas?


Sigo mirando tu risa de café

con mil mañanas a cuestas, y tantas noches

acariciando las lunas que te habitan

y la magia de tus ojos


Llevo en el tintero algunas dudas,

noches que debilitan corazones

y la puerta que se abre en el porvenir

que mira la frescura de tu pelo al regresar


Vendrás con dos valijas por mejilla

las del futuro y las mías

martes, 13 de diciembre de 2011






Es siempre la noche achacando tempestades, la mirada perdida con los ojos cerrados, una brisa que ingresa por la ventana siempre abierta y allí estás, dormida entre una luna que robé de un diciembre cansado, con un ronroneo felino entre dos sábanas desiertas, una mano tibia buscando hueco, un abrazo leve que confunda el sueño con las ganas de faltar al trabajo, una esperanza calma que crece detrás de esa sonrisa de niña tímida y feliz.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Haberes





Hay una calma que duerme en el último rincón

de ese abrazo irrepetible y repetido

Hay un lamento inoportuno sin futuro ni destino

Hay una noche más y siempre eterna

Hay un cigarro apagado detrás de tantos otros

y otros otros que no habrá

Hay una pausa que no llega

y tantas vueltas alrededor de nada

Hay unas ganas que me empujan

pero tan mal que me alejan

Hay una playa que me espera

y una capitana siempre fiel

Hay una dulce siembra

en la raíces de tu piel

Hay tanta prisa incomprensible

por fundar el ayer

un pasado irrepetible

y las broncas del no hacer

Hay una lágrima partida

en las cenizas del después

hay una parte de adelante

con sentidos y sin pies

Hay una llama que te busca

en cada nuevo amanecer

hay un niño que pelea

para no retroceder

sábado, 5 de noviembre de 2011

viernes, 17 de junio de 2011

Da lo mismo




Eramos, al menos yo, una brisa sin sentido

y menos que ahora parecía que iba a llover

No recuerdo más que las escaleras que no puedo bajar,

si no sonríes, ¿a dónde iré a parar?


Creo que hoy llueve más rápido

o por lo menos más triste

¿o seré yo? nunca pude distinguir

los espejos del reloj.


A veces da lo mismo todo

Maldita ciclotimia, maldita timidez

Le tengo más miedo a la quietud que al agua,

hoy no vale ladrar antes que morder.


Dicen que hay siempre cartas que jugar

pero nunca dicen dónde encontrarlas

ni en qué mar se pescan con aquella red

nada más estúpido que chocar contra la pared